Mujeres y Genocidio

Río Negro – La luz de la Sangre

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La hidroeléctrica Chixoy se encuentra asentada en la confluencia de los departamentos de Alta Verapaz, Baja Verapaz y El Quiché. Dentro de esta gran construcción se encuentra la historia de personas que murieron a manos del Ejército de Guatemala y comunidades enteras que fueron desalojados de sus territorios.

“Nos quitaron nuestra tierra”

La construcción de la hidroeléctrica dentro de los terrenos de las comunidades que vivían en la ribera del río Chixoy, fue promovida por el Instituto Nacional de Electrificación (INDE) en 1975. Era descrita como “ ‘la obra más grande del hombre en Centroamérica’, para solucionar el problema de energía eléctrica del país, bajo el auspicio del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), del Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento (BIRF) y del Banco Mundial. El plan contempló la inundación de más de 50 kilómetros a lo largo del río y algunos afluentes, lo cual afectaría a cerca de 3,445 personas de las comunidades asentadas en los márgenes”[1].

Aquí fue donde empezaron los atropellos para la población de Río Negro. Se negaban a salir del lugar debido a que la empresa quería reasentar a la población en Pacux, una comunidad que no tenia un buen terreno para la agricultura y la vida.

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En 1980 inició la violencia de la empresa hidroeléctrica y el Estado de Guatemala cuando fueron asesinados cuatro lideres de Río Negro con la excusa de que estaban molestando a personal del INDE; posterior a ello el INDE solicitó una reunión con dos líderes de Río Negro para entablar reuniones de diálogo entre la comunidad y la hidroeléctrica. Se les citó en las instalaciones de esta, sin embargo ellos nunca regresaron después de esta reunión y fueron encontrados asesinados en Baja Verapaz.

El 13 de febrero de 1982 trescientos habitantes de Río negro fueron torturados y masacrados por parte del Ejército de Guatemala y paramilitares en la comunidad de Xocox. Dominga Chen logró escapar de esta masacre y regresó a Río Negro a contar lo sucedido y la población huyó hacia las montañas aledañas. El ejército amenazó entonces a las mujeres de la comunidad diciéndoles que si no aparecían los hombres ellas serían las próximas en morir y así lo cumplieron un mes después.

El 13 de marzo de 1982

El ejército de Guatemala junto con paramilitares saqueó la comunidad de Río Negro con la excusa de que los hombres de las familias estaban en la guerrilla, reunieron entonces a las mujeres, niños, niñas y ancianos.

A las mujeres las amarraron del cuello y las manos y fueron obligadas a caminar al cerro de Pocoxom a 3 kilómetros cuesta arriba de la comunidad sin agua y sin alimentos. Antes de asesinarlas las violaron sexualmente. Niños y niñas en su mayoría también fueron asesinados.

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Al llegar al cerro de Pacoxom, los patrulleros y soldados escarbaron una fosa y procedieron a matar a las personas de Río Negro que se encontraban presentes. Ahorcaron a varias personas usando palos o lazos y a otras las mataron con machetes o disparándoles. Mataron a los bebés y a los niños con machetes, agarrándolos de los pies o del pelo para lanzarlos contra las piedras o los árboles hasta que perdieran la vida, o también amontonándolos en pequeños grupos para dispararles a todos juntos. Los cadáveres de las personas masacradas fueron tirados a una quebrada cercana o a una fosa que los patrulleros y soldados habían cavado, la cual posteriormente cubrieron con piedras y ramas.[2]

Durante esta masacre mataron a 70 mujeres y 107 niños. Posterior a esto las y los sobrevivientes de la comunidad siguieron sufriendo persecusción y fueron masacradas 171 personas más ese mismo año.

Algunas personas sobrevivientes fueron a Pacux sin embargo este lugar no permitía tener cultivos, era prácticamente una aldea modelo implementada en esos años por el Ejército de Guatemala en donde mucha población murió de enfermedad y hambre.

Actualmente siguen viviendo personas de Río Negro en esta comunidad, la violencia contra la población Achi durante esta época fue atroz y el interés de una hidroeléctrica se sobrepuso sobre la vida de las personas.

El caso logro ser llevado a la Corte Interamericana de Derechos humanos en donde se pedía sentenciar al Estado de Guatemala y a quienes financiaron el proyecto: el Banco interamericano de Desarrollo y el Banco Mundial. Se pidió resarcir a las personas sobrevivientes, sin embargo, esto no ha llegado del todo a las victimas que aun viven en Río Negro y en Pacux en condiciones precarias y de pobreza.

Cada 13 de marzo la comunidades de Río Negro y Pacux se reúnen en el cerro de Pocoxom a conmemorar la masacre vivida por las mujeres y recordar como fueron desalojados de sus comunidades y como cientos de personas murieron asesinadas por los intereses de una empresa que construyó una hidroeléctrica.

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Durante esta conmemoración se acampa en el lugar se hacen ceremonias mayas y la gente convive, los hombres y mujeres mayores cuentan lo sucedido, la noche cae en Pocoxom el fuego dura toda la noche y madrugada, las montañas lloran se escucha su llanto durante el camino.

Abajo del agua y del paisaje imponente de la represa se encuentran alrededor de 25 comunidades sumergidas por el embalse, muchas otras comunidades perdieron el acceso a agua.

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La conmemoración es necesaria tanto como el resarcimiento y la justicia, la comunidad de Río Negro sigue esperando. Es necesaria la reparación pero también es necesario no olvidar.

Han pasado 33 años y la situación no cambia en el país, el despojo a los pueblos por megaproyectos como hidroeléctricas y minería sigue generando violencia y criminalizando, es por ello que es necesario construir la memoria colectiva para que no sigan sucediendo estos hechos.

La vida continúa en Río Negro y entre los cerros y el cemento se sigue contando la historia de quienes perdieron su vida, para tener un “desarrollo” impuesto y una hidroeléctrica que genera luz pero que en sus raíces fue construida con sangre y dolor del pueblo achí.

Ese 13 de marzo mataron vida y sueños la fuerza de las mujeres masacradas en Pocoxom saluda a quienes las conmemoran y, bajo el amanecer, abraza a sus familiares que las recuerdan, los niños juegan para recordar que a pesar del terror la vida se mantiene firme frente a la muerte que quisieron sembrar.

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[1] http://raulfigueroasarti.blogspot.com/2012/03/masacre-y-eliminacion-de-la-comunidad.html

[2] http://www.corteidh.or.cr/docs/casos/articulos/resumen_250_esp.pdf

 

La Fuerza de Elena por la memoria y la verdad

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Elena de Paz Santiago, mujer maya Ixil, nació en la comunidad de Qanlai y vive actualmente en la Aldea Sajpota del municipio de Santa María Nebaj, con 44 años de edad aún recuerda lo que su familia y comunidad vivió durante el Conflicto Armado Interno.

Elena mujer vivaz, es parte de las mujeres que hoy luchan por la memoria, la verdad y la justicia.

“Tenía 12 años”

Elena tenía 12 años cuando estuvo en el destacamento de Xalbal , ella es parte de los testimonios del Juicio por Genocidio que se realizó en el año 2013, en donde el pueblo ixil, pidió justicia por el Genocidio cometido por el ejército de Guatemala en los años de 1982 y 1983 en el juicio se juzgó al ex jefe de Gobierno Efraín Ríos Montt y a su ex jefe de inteligencia José Mauricio Rodríguez Sánchez por los delitos de Genocidio y delitos contra los deberes de humanidad.

En 1982, Elena era una niña cuando tuvo que enfrentarse a los horrores de la guerra, junto a su madre tuvo que vivir los vejámenes cometidos por elementos del Ejército de Guatemala

“Tenía 12 años estuvimos en el destacamento de Xalbal y ahí estuvimos, hicieron violación a mi mama , yo digo que solo así murió, porque yo vi como agarraban su cuello, y los soldados en el destacamento pasaron uno por uno y mi mama gritaban ellos agarraron trapos sucios y se los metían a la boca, y yo grite, y me dijeron porqué estas gritando y apuñalaron mi pierna”

La violación no fue solo contra su madre y otras mujeres si no que también contra ella, el ejército acusaba y usaba la excusa de hacer estas acciones contra la población civil con el argumento de decir que eran combatientes.

“A los 12 años me hicieron eso, y cuando vi me salía sangre y me agarraron nuevamente pensé que solo violarían a mi mama pero me agarraron nuevamente y yo pensaba que no iba a vivir…pero gracias a Dios que viví, y ahora digo la verdad de lo que hicieron los soldados… 

Aparte del trapo en la boca me tenían amarrados los pies entonces me violaron , yo ya no sentía cuantos fueron los que pasaron porque después la sangre ya solo corría encima de mi “ 

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Junto a la madre de Elena capturaron a otras personas, en el destacamento, ella veía que muchas mujeres tenían sus vestimentas rotas o no tenían ropa, muchas de estas personas murieron junto a su mamá.

“Éramos bastantes, había una señora y un señor que ya estaban muertos ellos colocaron al señor muerto sobre la señora muerta me acuerdo y es lo que me duele”

3 días estuvo en el destacamento, en donde presencio como los soldados se turnaban para violar a su madre Jacinta Santiago Bernal, que estaba recluida junto a ella en un cuarto custodiado.

“Mi mama gemía y ella me hacia a un lado yo quería gritar pero ella me decía que no llorara o no gritara porque si no nos iban a matar”

La violencia física y sexual que vivió Elena , la vivieron miles de mujeres en Guatemala, el silencio formaba parte de la violencia impuesta, Con tan solo 12 años de edad y en esas condiciones ella no podía ni si quiera quejarse o gritar el dolor que estaba viviendo, siendo esto parte de las agresiones que el Estado Guatemalteco ejerció sobre su vida y su cuerpo.

“Me tapaban la boca quería gritar pero no podía y ellos me decían “cállese porque esta bonito”

Tres días de violencia física y sexual , vivió Elena quien posteriormente logró escapar gracias a la ayuda de una persona que la saco de ahí y luego fue cuidada por una mujer que le ayudo a recuperarse. Las secuelas de la violencia vivida quedaron marcadas no solo en su mente si no en su cuerpo, actualmente Elena tiene un problema en una de sus piernas, lo que la hace renquear muchas veces , creando dolor físico y emocional.

Elena logro salir de ahí , a pesar de estar en peligro de que fuera trasladada fuera del área Ixil.

“Recuerdo que entre los soldados había uno de Salamá y uno de Jutiapa que dijeron “me la voy a llevar a Salamá, y el otro dijo no me la llevo a Jutiapa la voy a cambiar” pero llego un vecino con quien me fui, si el no hubiera llegado quien sabe si yo estuviera aquí porque ya me querían llevar y eran muchos niños pero ya no vi como lo hicieron si se los llevaron a Jutiapa a Salamá porque ya solo nosotros salimos. Hubo otra niña que logro salir conmigo que ahora vive en Guatemala“

Elena hija única de madre y tenia  dos hermanas más de parte de su padre, Jacinta su era joven recuerda ya que ahora observa a muchas mujeres ancianas que tendrían casi su misma edad.

Durante ese tiempo junto con su familia tuvo que huir constantemente como muchas otras personas que en esa época huían de las masacres que realizaba el Ejército de Guatemala contra la población.

Su corazón de niña

En su corazón niña ya no solo guardaba inocencia, si no también tristeza por la situación que vivía por la ausencia de su madre, por el desplazamiento forzado, el hambre y el frío que tuvo que vivir.

Elena recuerda esa tristeza y sus ojos de niña se cristalizan pero siguen guardando la fuerza que tiene la mujer que hoy lucha por la justicia.

“Recuerdo que estaba triste, porque no podíamos comer, no podíamos juntar fuego y ya no hay nada, apenas mi papá conseguía un poco de maíz, pero solo de noche podíamos poner fuego, yo estaba delgadita del hambre y ahora me da lastima, porque no fui al hospital, solo me cure en la casa, no podía caminar yo pensé que iba a morir pero gracias a Dios que estoy aquí”

A veces me pongo triste porque no veo a mi mamá , me enfermo con mis chiquitos, duele mi corazón pero que hago yo”

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Fuerzas para seguir caminando

La búsqueda de la justicia, su fe, y la necesidad de romper el silencio fue lo que motivo a Elena a dar su testimonio,

“Mucha gente tiene miedo y me dicen que tal vez me van acusar después, pero al estar acá y al llorar y al decir esto me quedo un poco tranquila porque mucha gente ya no quiere venir a declarar”

Elena fue parte de los testimonios durante el juicio por Genocidio ella junto a otras 9 mujeres ixiles hablaron sobre la violencia y esclavitud sexual que vivieron a manos del Ejército de Guatemala. El 10 de mayo del 2013 el Tribunal de Mayor Riesgo “A”, presidido por la jueza Jassmin Barrios, condenó al general José Efraín Ríos Montt a 80 años de prisión por genocidio y crímenes contra los deberes de humanidad. Sin embargo el 13 de Mayo de ese mismo año la Corte de Constitucionalidad anuló la sentencia.

Con esto la Corte hizo que el proceso retrocediera , las   y los testigos nuevamente fueron violentados al negarles el acceso a la justicia. Elena como otras se lamentan este revés de la justicia contra el pueblo ixil.

Actualmente el juicio aún no da nuevamente inicio, y Efraín Ríos Montt sigue impune a lo que se le suma que el ex dictador de 80 años de edad , se encuentra enfermo por lo que el juzgado de Mayor Riesgo B, quien conoció el caso nuevamente ordenó un juicio Especial en donde será representado por sus Abogados.

Elena lamenta esto y sigue pidiendo justicia, dice que nuevamente dará su testimonio para que se conozca la verdad de lo que vivieron

“Así como dicen los otros ricos es mentira dice la gente , pero no es así, yo tengo la herida pues.. Y a veces encuentro más de lo que hicieron, muchas veces dicen pobrecito dice la gente “el viejito”…pero él ordeno a los soldados…

el fue quien ordenó así como nosotros hacemos con los chiquitos que les decimos vayan a traer leña, así fue como hizo Ríos Montt con los soldados porque el ordenó todo y el dice que no, pero fue él” 

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La sentencia

Cuando el Tribunal dictó la sentencia ese 10 de Mayo del 2013, Elena estaba feliz, junto al pueblo ixil a las puertas de la Corte Suprema de Justica , lloraron, cantaron, reían se abrazaban, la verdad había prevalecido, se había hecho justicia.

Esa alegría quedará siempre en su memoria, sin embargo la sombra de la impunidad volvió a posarse pero la resistencia continua en ella , en su cuerpo y en su corazón.

“Estaba feliz cuando lo agarraron para que sufra un poco , pero lastimosamente lo sacaron pero yo digo que si vamos a dar testimonio otra vez nos vamos porque es cierto, ojalá hubieran liberado así a mi mamá pero al contrario la mataron.

El esta tranquilo porque esta en su casa, el come bien , tiene su chamarra, no sufre frío, ojalá estuviera en la cárcel pero esta en su casa. Ahora miro yo que dicen que esta enfermo pero yo miro su cara y pienso que es mentira lo que hacen”

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Frente a la comunidad

Elena como otras personas que dieron su testimonio tuvieron que enfrentarse a quien les había violentado, pero también estuvieron frente a sus comunidades, muchas personas les apoyaron, otras aún tenían miedo por el genocidio vivido.

“Antes decían algunos que era mentira lo que había pasado, después cuando oyeron bien, ya no me dicen nada, y dicen “gracias porque vas a ir a testificar porque me conocen en la aldea, gracias dicen que voy a testificar porque vas por todos nosotros, no solo vos sufriste porque hay muchos en la aldea que violaron es cierto lo que dijo usted” 

Ahora saben que es cierto , pero al inicio cuando nos vamos un señor me dijo que tuviera “cuidado”… y yo le dije yo no tengo cuidado si me matan , así murió mi mamá así me voy a morir no tengo miedo porque es verdad a lo que voy”

El recuerdo de su madre Jacinta

La ausencia de su madre es una tristeza que aún guarda en su corazón, no tener un lugar donde llevarle flores, un lugar donde visitarla, es parte de las secuelas psicológicas que aún vive.

“Yo estuve en el destacamento solo el día que murió mi mama , como ya no me la mostraron, yo pregunté y dijeron que ella se iba a otro lado dicen los soldados y la habían matado, ya no vi donde la enterraron o tiraron o si los perros se la comieron.

Esa es mi pena, porqué que delito tiene mi mamá, la mataron y murió puro chucho porque la agarraron del cuello y llore …ahí es donde me dejaron lastimada porque a veces recuerdo cuando voy a traer mi leña y me duele pero que hago

Me duele mi corazón porque no tenemos delitos, Dios sabe si todavía viven o no viven… que delito tiene mi mamá, ningún delito tiene , y los niños y ancianitos también murieron, yo los vi solo con un palo los aporreaban con el palo para moler maíz mataron a los ancianitos y se los llevaron y ya no vi donde los fueron a tirar, así hicieron con mi mamá los fuimos a buscar al destacamento  y ya no la encontramos y hay muchos enterrados y ahora hay casas no sabemos si están encima”

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Su vida como testimonio

Elena a luchado por que su voz cuente la historia de ella y la de su madre pero también la de toda una población , su voz es parte de la memoria de la verdad del país al igual que ella muchas mujeres siguen luchando por la memoria, pero sobre todo buscan justicia.

“Me alegro de haber ido a dar mi testimonio al tribunal , porque yo pensé que estábamos solas y no porque habían muchas otras personas , y me alegro que todos conocen la historia”

El poder romper el silencio y el miedo es parte del precedente que Elena a puesto para muchas otras mujeres que hoy también siguen viviendo en el continuum de la violencia en el país.

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“La primera vez que di mi testimonio lloré mucho, la sanción me ayudo bastante.

Ahora también hay mujeres que sufren de violación , pero hay miedo pero para mi ya no hay miedo , hay que ir a decir en el juzgado , antes no había ley y donde nos vamos, pero ahora hay ley , ahora hay autoridades, ahora no hay miedo…” 

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Elena es una mujer joven, vivaz, alegre, ella junto a sus 5 hijos lucha cada día por salir adelante, incansable trabaja para su sobrevivencia lavando ropa, vendiendo tejidos, y en esa dinámica encuentra momentos para seguir su camino por dar a conocer la verdad y por buscar justicia, en la fuerza de su palabras y de su voz se mueve la fuerza de la memoria, de la resistencia, rompiendo con el miedo y la mordaza de silencio que a esté país se nos ha querido imponer. Elena es una chispa que enciende el fuego de la vida.

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Entrevista realizada por : Cristina Chiquin en Nebaj, Quiché.  2015

Apoyo: Lilian Vázquez 

*Testimonio de Elena de Paz Santiago , durante juicio por Genocidio en el 2013. 

Violación y violencia sexual contra las mujeres mayas y xinkas: crimen de Estado

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Por: Francisca Gómez Grijalva[1].

En Guatemala, históricamente se han invisibilizado y silenciado la violación y la violencia sexual contra la mujeres. Esa violencia patriarcal racista, sexista y clasista que se ha practicado y se practica con impunidad contra las mujeres y niñas, pero afecta más a las mujeres y niñas mayas y xinkas. Tal como analiza la científica social Carmen Reina:

“cuando se habla de la violencia sexual y sobre los cuerpos [yo agrego de las mujeres mayas] es un continuum histórico, en Guatemala no se hace únicamente referencia a lo sucedido durante los 36 años que duró la guerra interna. Vale recordar que la violación de mujeres indígenas durante la colonia fue un proceso permanente de violencia, sometimiento y dominio y, fue de hecho, el origen del mestizaje[1].”

Por lo que las brutales violaciones sexuales cometidas por los invasores españoles contra las mujeres mayas y xinkas son constitutivas del Pueblo Ladino/mestizo guatemalteco. Por esa razón, sostengo que los Pueblos Maya, Ladino/mestizo, Xinka y Garífuna somos pueblos hermanos, compartimos en nuestras memorias colectivas historias de dolor y heridas coloniales que aún no cicatrizan.

La racialización y la sexualización de la violación y violencia sexual fueron dispositivos de dominación que los invasores utilizaron para segregar y jerarquizar la sociedad colonial. Fue así de agresiva esa política que hizo posible el afincamiento y legitimación del racismo, el sexismo y el clasismo estructural que configuró a nivel social, político, económico y jurídico el ejercicio desigual del poder entre hombres y mujeres en los espacios públicos y en el espacio privado.

La violencia sexual hacia las mujeres mayas se recrudeció de manera espantosa y perversa durante el conflicto armado interno en Guatemala ocurrido entre 1960-1996. En ese periodo sangriento, oscuro e impune de la historia guatemalteca la Comisión para el Esclarecimiento Histórico, registró testimonios que muestran cómo el Estado guatemalteco a través del Ejército, recurrió a la violación sexual contra las mujeres mayas como arma de guerra para someter al Pueblo Maya.

La CEH pudo determinar que la violación sexual formó parte de una política contrainsurgente y como tal, fue una práctica generalizada, sistemática y masiva que respondió a una planificación y órdenes explícitas de los mandos superiores del Ejército y cometida por agentes del Estado guatemalteco con total impunidad: Ejército, Policía Nacional (PN), grupos paramilitares, entre otros. Esa política contrainsurgente llegó a constituirse en una verdadera arma de terror y vulneró gravemente los derechos humanos y el derecho internacional humanitario[2].

La Comisión para el Esclarecimiento Histórico pudo registrar 1,465 casos de violación sexual, gracias a las mujeres mayas sobrevivientes que se atrevieron a romper el silencio y compartieron su testimonio sobre el horror que vivieron a manos de los agentes del Estado de Guatemala durante el conflicto armado interno. De los testimonios registrados la CEH pudo determinar que el 88.7% de las víctimas de violación sexual son Maya K´iche´, Maya Q´anjob´al, Maya Mam, Maya Ixil, Maya Q´eqchi´, Maya Chuj y Maya Kaqchikel; el 10.3% son ladinas/mestizas y el 1% pertenecen a otros pueblos. En relación a la edad de las víctimas identificadas el 62% tenían entre 18 y 60 años, el 35% eran niñas cuyas edades oscilaban entre 0 y 17 años y el 3% eran adultas mayores.[3]

El mayor porcentaje de violaciones sexuales se concentran durante los años de 1980-1983. El periodo en que más violaciones sexuales se cometieron contra las mujeres mayas fue en el segundo semestre de 1982, cuando el Estado de Guatemala fue gobernado por el jefe de facto y general golpista José Efraín Ríos Montt. Si bien, la violencia sexual se mantuvo como práctica hasta el año de 1984. [4]

En muchos casos la violencia sexual, la tortura, tratos degradantes precedieron a las atroces masacres que se cometieron contra más de 626 comunidades mayas, y coincide con la Política de Tierra Arrasada que, en porcentajes afectó a los departamentos con mayoría de población maya. Las violaciones sexuales que fueron registradas por la CEH el 55% se cometieron en el departamento del Quiché, el 25% en Huehuetenango, el 7% en Alta Verapaz y el 3% en Chimaltenango y Baja Verapaz.[5]

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El hecho que la violación sexual afectó con mayor crueldad y dimensión a las mujeres mayas, devela nuevamente cómo el Estado de Guatemala recurrió a la política de la sexualización y racialización de la integridad física, la vida y la dignidad de las mujeres mayas. Las investigaciones de la Comisión para el Esclarecimiento Histórico, documentaron cómo de marzo 1982 a agosto de 1983, el gobierno de facto del entonces general José Efraín Ríos Montt, intensificó la Política de Tierra Arrasada que incluyó torturas, violaciones sexuales masivas, esclavitud sexual y doméstica, tratos crueles y degradantes, ejecuciones, masacres, militarización de las comunidades, destierro, así como secuestros y desapariciones forzadas.

Al conceptualizar al Pueblo Maya como “enemigo interno”, dentro de la Doctrina de Seguridad Nacional (DSN), se torturó física y psicológicamente a la población civil mayas desarmadas para instaurar terror y perturbación emocional para dar lecciones supuestamente “ejemplizantes”. Pero el fin último de ese plan, era el exterminio de las comunidades mayas contra quienes se puso en marcha la política de Tierra Arrasada, una política de muerte y destrucción humana. En tal sentido, difícilmente se puede negar que el Estado guatemalteco institucionalizara la violencia de género, la violencia racista y el clasismo contra las mujeres mayas y sus pueblos.

Como ha ocurrido en otros conflictos armados a nivel internacional, lo perversamente cruel de la DSN, es la forma en que el Estado guatemalteco a través del Ejército, la Policía Nacional, las patrullas de autodefensa civil (PAC), comisionados militares recurrió a la violación y violencia sexual como arma de guerra que afectó más a las mujeres mayas. Como analizaron las científicas sociales Amandine Fulchirone,, Olga Alicia Paz y Angélica López: “En el marco de la política contrainsurgente, las mujeres, mayoritariamente mayas, fueron víctimas de la violación y otras formas de violencia sexual por parte de agentes del Estado, de manera generalizada y sistemática.”[6]

En la investigación que realizaron con 54 mujeres maya Kaqchikel, Chuj, Mam y Q´eqchi´, sobrevivientes del conflicto armado interno, todas rurales y campesinas, argumentaron que “[e]n el contexto de la guerra el racismo adquirió su máxima expresión, llegando a constituirse en genocidio”.[7]

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Esta investigación y los informes de la CEH, (1999) y del Proyecto de Recuperación de la Memoria Histórica (REMHI, 1998), aportan valiosos análisis sobre la extrema crueldad en que fueron cometidas la violación y violencia sexual contra las mujeres mayas durante el conflicto armado interno. Antes de cometer las masacres, las mujeres fueron torturadas, violadas y sufrieron vejámenes sexuales a manos de agentes del Estado de Guatemala. También hubo muchos casos en que cuerpos mutilados y desnudos de mujeres mayas fueron abandonados en espacios públicos de las comunidades: caminos, montículos, entre otros.

Con esos niveles de barbarie humana, sin duda, la Política de Tierra Arrasada fue una estrategia de exterminio humano extremadamente cruel. Por ende, es imposible negar que el Estado guatemalteco institucionalizara una política militarista, racista, sexista y clasista contra las mujeres mayas y sus pueblos.

A pesar que el 29 de diciembre de 1996 se firmaron los Acuerdos de Paz, el conflicto armado interno dejó más de 200,000 personas fallecidas y aproximadamente 45,000 personas desaparecidas. Se estima que hubo un millón de personas desplazadas internas; asimismo 200,000 se organizaron en comunidades de población en resistencia (CPR) en las montañas guatemaltecas y aproximadamente 400,000 personas se exiliaron en México, Belice, Honduras, Costa Rica y Estados Unidos.[8]

Después de la firma de los Acuerdos de Paz, las y los sobrevivientes y testigos mayas, empezaron a recorrer los difíciles caminos para buscar justicia por las graves violaciones a sus derechos humanos que padecieron a manos del Estado guatemalteco a través del Ejército, durante los más de 36 años de conflicto armado interno.

En el año 2001, la Asociación para la Justicia y la Reconciliación (AJR), con el acompañamiento del Centro para la Acción Legal en Derechos Humanos (CALDH), interpuso una denuncia legal contra el general golpista José Efraín Ríos Montt y su alto mando militar, por los delitos de genocidio y delitos contra las deberes de la humanidad, cometidos contra el Pueblo Maya Ixil cuando fue presidente de facto del 23 de marzo de 1982 al 8 de agosto de 1983.[9]

El acompañamiento que han brindado el Bufete Jurídico de Derechos Humanos, AJR, CALDH y otras organizaciones de derechos humanos a las y los sobrevivientes del Pueblo Maya Ixil ha sido fundamental para el fortalecimiento de su lucha por la búsqueda de la verdad, la justicia y la reparación digna e integral.

A pesar del litigio malicioso por parte de los abogados defensores de los militares José Efraín Ríos Montt y José Mauricio Rodríguez Sánchez que se empeñaron en poner obstáculos legales para que el juicio no avance. Por fin, el 19 de marzo de 2013, se inició el primer debate oral y público en contra de Ríos Montt y Rodríguez Sánchez, acusados por genocidio y delitos contra los deberes de la humanidad.

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El 2 de abril de 2013, diez mujeres Maya Ixil narraron ante el Tribunal de Mayor Riesgo A, los horrores que vivieron a manos de agentes del Estado de Guatemala. Es de reconocer la fuerza y el espíritu inquebrantable de estas valientes sobrevivientes que:

“tuvieron la valentía de sentarse frente a quienes las deshumanizaron e intentaron exterminar (…) sus cuerpos y sus vivencia, consiguiendo explicar con sus palabras, al Tribunal y al mundo entero, el horror, relatando las más extremas formas de crueldad a las que fueron sometidas durante el conflicto”[10].

El 10 de mayo de 2013, el militar retirado José Efraín Ríos Montt, fue condenado a 80 años de prisión: 50 por genocidio y 30 por los delitos contra los deberes de la humanidad. Esta sentencia histórica que fue dictada por el Tribunal A de Mayor Riesgo, presidido por las juezas Yassmín Barrios Aguilar, Patricia Bustamante García y el Juez Pablo Xitumul de Paz, fue anulada el 20 de mayo del mismo año por la Corte de Constitucionalidad. Este dictamen deja el claro mensaje que en Guatemala no hay independencia judicial.

Sin embargo, vale la pena señalar que esta decisión no fue unánime, pues tres magistrados votaron a favor de la anulación de la condena y dos estuvieron en contra. La magistrada Gloria Porras y el magistrado Mauro Chacón, apoyaron la sentencia histórica emitida por el Tribunal A de Mayor Riesgo y razonaron su voto contra ese absurdo fallo. Esto muestra que en Guatemala hay profesionales del derecho que aplican la justicia de manera imparcial tal como se establece en la Constitución Política de Guatemala.

Sin embargo, como argumentó la abogada Paloma Soria Montañez, “el proceso que condujo al procesamiento y la condena de Ríos Montt en Guatemala se ha convertido en un referente internacional que merece ser analizado. La sentencia a pesar de haber sido revocada por un tribunal superior, constituye la primera vez que se condena a un ex jefe de Estado por crímenes de naturaleza sexual y de violencia de género, [yo agrego violencia racista] ocurridos bajo su mandato, tales como genocidio y crímenes de guerra.[11]

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[1] Reina, Carmen. El caso Sepur Zarco. La búsqueda de la verdad y la justicia por violencia y esclavitud sexual contra mujeres indígenas durante la guerra interna. Pág. 40. En: Memoria y Verdad: territorios en disputa. El Observador. Análisis alternativo sobre política y economía. Año 10, Nos. 45-47. Diciembre 2014 – febrero 2015.

[2] Comisión para el Esclarecimiento Histórico (CEH). Guatemala Memoria del Silencio. Capítulo II: Las violaciones de los derechos humanos y los hechos de violencia. Tomo III. 1999. Pág. 13-49.

[3] Ibíd. Pág. 23

[4] Ibíd. Pág. 24

[5] Ibíd. Pág. 24

[6] Fulchirone, Amandine et al. Tejidos que lleva el alma. Memoria de las mujeres mayas sobrevivientes de violación sexual durante el conflicto armado interno. Pág. 141. Equipo de Estudios Comunitarios y Acción Psicosocial (ECAP), Unión Nacional de Mujeres Guatemaltecas (UNAMG). Guatemala, noviembre de 2009. Primera edición.

[7] Ibíd, 148.

[8] Ibíd.

[9] Boletín 1. Primer Juicio por genocidio en Guatemala, un largo camino recorrido. Versión PDF, 14 de marzo de 2013.

[10] Soria Montañez, Paloma. Estrategias para la búsqueda de justicia por crímenes internacionales de género: el caso Ríos Montt. Pág. 85. En: Anuario de derechos humanos, ISSN 0718-2058. No. 10, 2014. Pp. 81-90.

 

[11] Ibíd. Pág. 82.

 

Seguimos por la Justicia: 2 años de Sentencia por Genocidio

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El diez de mayo del 2015 el pueblo Ixil conmemoró dos años de la sentencia por Genocidio dictada por el Tribunal de mayor Riesgo A en el año 2013, la cual sentenció a Efraín Ríos Montt por los delitos de genocidio y delitos contra los deberes de humanidad en contra de la población Ixil en los años de 1982 y 1983 y sentenciado a 80 años de prisión inconmutables por ser autor del asesinato de 1,771 indígenas ixiles a manos del ejército.

Durante el juicio se escuchó la voz de testigos y testigas que narraron las atrocidades cometidas por el ejército de Guatemala, fue gracias a su lucha y trabajo que se logró probar la verdad.Resalta el testimonio de las mujeres que, con valor, siguen hablando sobre sus historias y como fueron víctimas de diversas agresiones durante el conflicto armado interno. Ellas con su lucha siguen manteniendo viva la memoria y siguen buscando justicia.

Muchas de ellas perdieron hijos, madres, padres, hermanos, abuelos. Muchas de ellas sufrieron violencia sexual a manos del ejército de Guatemala, tortura, desaparición forzada y esclavitud.Se enfrentaron al terror, al miedo, a la impunidad, pero eso no sirvió para callar su voz, para detener la verdad.

Es gracias a ellas que hoy podemos decir que en Guatemala sí hubo genocidio.En sus cuerpos y vidas encontramos la resistencia de todo un pueblo y la lucha por la justicia. Dos años después de la sentencia cantan, gritan y siguen pidiendo justicia.

La sentencia fue anulada por la Corte de Constitucionalidad diez días después de ser emitida: esto forma parte de los hechos de impunidad que prevalecen en el sistema de justicia en Guatemala. No obstante para el pueblo Ixil, la sentencia sigue vigente, como sigue vigente en sus testimonios la historia que debe de contarse para que el terror no se vuelva a repetir.

La voz de quienes ya no están sigue resurgiendo de las entrañas de la tierra, sigue surgiendo en quienes dan su tiempo y su vida por mostrar lo sucedido.El 10 de mayo del 2015, hombres y mujeres del pueblo Ixil caminaron hacia el antiguo destacamento de Xolosinay en el municipio de San Juan Cotzal, como una muestra de apoyo a las exhumaciones que aún se siguen haciendo en el lugar donde se han encontrado los restos de víctimas asesinadas por el ejército de Guatemala.

En ese lugar en donde muchas personas encontraron la muerte hombres y mujeres ixiles aún buscan a sus familiares, piden justicia, pero también reivindican la lucha de muchas y muchos que se atrevieron hablar, a mostrar y esclarecer los hechos ocurridos en su territorio.

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Mujeres , Genocidio y Violencia Sexual

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Aura Cumes*

Me pidieron hablar sobre la violencia sexual evidenciada en la sentencia por genocidio, voy a abordar el tema un poco más allá del ámbito jurídico, soy antropóloga, no conozco el ámbito jurídico entonces, mi visión se expande hacia el lado de la antropología.

Lo primero que quiero decir, es que escuchar a las mujeres narrar con voz potente, con claridad, dignidad y serenidad, ante un tribunal, la terrible experiencia de violencia sexual vivida durante la represión política, no solo fue un acto de valentía, sino fue además una manera impactante de remover las poderosas estructuras de la memoria oficial dominante, que niegan su verdad, la verdad de estas grandes mujeres y del Pueblo Maya. Finalizados formalmente los años de la represión política en que se cometió genocidio, lejos de entrar en un proceso de justicia, de reparación a las víctimas, de elaboración del duelo y de construcción de la memoria, hubo prisa por silenciar lo que pasó, hubo prisa por organizar mecanismos de olvido y de impunidad. La misma firma de la paz y el multiculturalismo fueron secuestrados y utilizados convenientemente desde el poder para producir formas de olvido, a partir de un discurso superficial de la convivencia.

Pero lo que hacen las mujeres con su impactante presencia, con su verdad serena, clara y digna, es recordarnos que la memoria oficial tiene límites. A pesar de que el silencio ha sido impuesto a través de una continuidad de la violencia, mediante una culpabilizarían sistemática de las víctimas, o por mecanismos de indiferencia hacia quienes no fueron consideradas plenamente humanas, las mujeres dicen, “aquí estamos”, “callamos pero nunca olvidamos”. Las mujeres que testificaron nos recuerdan que silencio no es lo mismo olvido. Esto confirma que los largos silencios sobre el pasado, son tantas veces mecanismos de protección ligados a la necesidad de vivir, de encontrar un modo de existir incluso en ambientes en que se debe convivir con los victimarios o los perpetradores de los crímenes, como pasa con la gran mayoría de mujeres que sufrieron violencia sexual durante los años de la represión política orquestado por el Estado guatemalteco.

Por esto, me parece que el juicio dio a las mujeres el derecho a ser público un sufrimiento llevado en soledad. Al hacer públicos los hechos, se ha sacado la violación sexual de la esfera de la intimidad, de la vergüenza y de la individualización, para ser colocada en el lugar del delito y de la búsqueda de justicia. Debido a esto, las palabras de las testigas, como de otras mujeres que sufrieron situaciones similares, merecen ser escuchada con detenimiento y responsabilidad. Digo esto porque, desafortunadamente cuando se trata del sufrimiento narrado por las mujeres hay una tendencia a no querer escucharlas. Pero la experiencia de las mujeres, tanto de quienes sufrieron violencia sexual, como otras formas de tortura y asesinato, es absolutamente central para entender el genocidio cometido en este país. Es decir, lo que ocurrió a las mujeres, no fue un problema aislado contra las mujeres, fue una forma de doblegar a las mujeres y con ellas al Pueblo Maya. Por esto mismo, tampoco es solo un problema exclusivamente relacionado al patriarcado, porque el genocidio fue un gran momento de re-colonización. Patriarcado y colonialismo, sexismo y racismo se combinaron perversamente para normalizar y cubrir de impunidad los hechos sistemáticos y extendidos de violencia sexual cometidos por el ejército, patrulleros y comisionados militares contra las mujeres mayas, especialmente rurales. Hay extraordinarios estudios realizados sobre la función del sometimiento de las mujeres, en conflictos, en guerras, en masacres, pero lo que ha ocurrido en Guatemala, con toda seguridad tiene sus propias características que necesitan ser explicados con detenimiento.

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No estoy diciendo nada nuevo, pero me gustaría reiterar en tres puntos para reforzar lo que otras mujeres, analistas del problema de violencia sexual y activistas feministas han dicho tanto aquí en Guatemala, como fuera del país.

  1. ¿Por qué se viola a las mujeres en las guerras? Como en la mayoría de guerras, en Guatemala la violencia sexual fue un arma eficaz para buscar someter, humillar y derrotar al “enemigo”. De acuerdo a las evidencias, que cada vez aumentan, la violencia sexual fue una práctica recurrente, sistemática y extendida, más aún en los primeros años de la década de los 80s. En tal sentido se puede afirmar que fue un arma eficaz de contrainsurgencia. Es decir, se utilizó para debilitar y destruir el tejido social comunitario de la población civil, especialmente de las comunidades indígenas, consideradas la base potencial de la insurgencia. Si nos preguntamos ¿por qué se viola a las mujeres en las guerras? encontraremos que en las respuestas se mezclan distintas lógicas. En primer lugar, una manera de asegurar la sumisión de las mujeres, es atacando los referentes femeninos de su cuerpo, recordándoles que no son dueñas de sus propios cuerpos. De esta manera la violación es vivida por las mujeres como un acto de deshonra y de vergüenza, códigos que son compartidos por la comunidad cuando ésta está atravesada por lógicas patriarcales. Por eso, el violador sabe, o espera, que lo primero que obtendrá con la violación es el silencio de la víctima (Segato, s.f). En segundo lugar y unido a lo primero, cuando se viola a las mujeres se busca doblegar, desmoralizar y derrotar al grupo que está siendo sometido. La violación contra las mujeres, es un desafío a la masculinidad y a la hombría, cuando se piensan los cuerpos de las mujeres, como territorios que pertenecen a los hombres. Mediante la violencia sexual contra las mujeres, se busca castrar simbólicamente a “sus hombres” o se les hace sentir impotentes. En tercer lugar, si la violación es vivida como actos individuales de deshonra y de vergüenza, se despolitiza lo que el dominante ha impuesto como un arma política de destrucción de un grupo, de una comunidad o de un pueblo. Así, los hechos de violación tienen eficacia para dividir, para restarle fuerzas y afectar la cohesión de tal grupo, comunidad o pueblo.

Cuando escuchamos el testimonio y las historias de las mujeres Ixil y de otros pueblos, ellas narran cómo además de soportar en silencio la violencia sexual y sus terribles efectos, debieron enfrentar la culpa y la humillación de sus propios vecinos, familiares y victimarios. Esto nos habla claramente de por qué la violación funciona para quienes la planificaron. Si, frente a una mujer violada hay murmuraciones, chismes, culpabilidad, se rompe la confianza y la cohesión familiar y comunitaria. Como he dicho, la violación llega a tener una gran efectividad cuando es tratada como un acto íntimo de deshonra y de vergüenza, mientras ha sido cometida con una intención política, como un crimen de guerra. Los sentimientos de vergüenza y de deshonra para las mujeres y sus familias desvía la atención, porque los perpetradores quedan sin ser vistos e igualmente se ocultan los fines políticos de tales hechos. Por eso, muchas analistas y activistas insisten en que la violación no es un asunto individual, no es un crimen de motivación sexual, como dice Rita Segato (s.f). Y no es crimen de motivación sexual porque quienes violaron no lo hicieron motivados por deseos sexuales individuales incontrolados, sino para demostrar poder, someter, controlar y exterminar. La violencia sexual es entonces un crimen de guerra, un crimen político, una violencia genocida, y como tal debe también ser tratada. Reitero que la violación es eficaz cuando quienes la planifican, entienden lo que significa para quienes son violadas y su entorno. Hay códigos compartidos alrededor del tabú y del silencio. Por todo esto, la violencia sexual no debe ser personalizada e individualizada, no debe tratarse como una afectación a la intimidad de las mujeres solamente, porque cuando esto pasa, se despolitiza un problema que es político.

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  1. ¿Cómo entender lo que ocurrió a partir de examinar a los perpetradores directos de los crímenes sexuales? Como dice Mahmood Mamdani (2003), entender no significa disculpar, sino comprender como los victimarios –militares, patrulleros y comisionados- se convirtieron en agentes capaces de cometer actos de extrema crueldad contra mujeres y niñas mayas. Las mujeres sobrevivientes y quienes solo pueden testificar a partir de sus cuerpos mutilados, nos muestran que los perpetradores trataron de demostrar que no tenían límites. Cualquier regla que en las guerras protege a niñas, niños y mujeres, fue invalidada por quienes dirigieron y materializaron la represión política en este país. Escuchar el testimonio de las mujeres significa oír cómo los victimarios fueron despojados de todo sentimiento de compasión frente al dolor y el sufrimiento que provocaban. Esto significa que los victimarios tuvieron un entrenamiento político o doctrinario que premiaba los comportamientos insensibilizados frente a la crueldad; cualquier forma de tortura y de terror fue válida contra quienes fueron producidos como “el enemigo”. Así la violencia política en Guatemala fabricó una masculinidad depredadora que llevó al extremo los niveles de machismo, racismo y discriminación de clase que se vive “en tiempos de paz”. El patriarcado como marco de análisis nos ha dado muchísimas herramientas, pero tiene límites, cuando no se cruza con otras herramientas que nos permitan ver como se enlaza la violencia sexual con la racial-étnica y de clase social. Particularmente me pregunto, entre otras cosas, cómo se movilizó en los soldados indígenas, en los comisionados y patrulleros, sentimientos de auto-vergüenza y auto-odio que descargaron contra las mujeres mayas. No estoy diciendo que esa haya sido la motivación principal para cometer los crímenes, pero pudieron ser sentimientos que los facilitaran. Esto significa que la estrategia militar de contrainsurgencia depredó la propia humanidad de los hombres que cometieron los crímenes. Podríamos dejar de ver todo esto si así lo quisiéramos, pero si deseamos reconstruir la vida del Pueblo Maya, habrá que tenerlo en cuenta, por los efectos del adoctrinamiento militar en la destrucción del tejido social hasta la actualidad. Con toda seguridad, la violencia contemporánea contra las mujeres, está ligada a la violencia sexual permitida como arma de guerra durante los años de la represión política. En este sentido, me parece crucial preguntarnos ¿Cómo fueron producidos los perpetradores de la violencia sexual? ¿Cómo se entiende la actuación de los perpetradores mayas en el marco del adoctrinamiento militar contrainsurgente dirigido a destruir a los Pueblos Mayas? Me parece que este es un trabajo pendiente, pero fundamental.
  1. El genocidio como un mecanismo de re-colonización a través del cuerpo de las mujeres mayas. Aquí quiero brevemente contar un terrible episodio que nos narró don Jacinto Brito, principal de Nebaj, en una actividad realizada por Consejería en Proyectos en octubre pasado. En Xoloché, Nebaj, como ocurrió en tantas otras, a finales de 1982 el ejército llevó a gente reclutada de comunidades vecinas a tapiscar porque era tiempo de cosecha de maíz. El ejército dijo a los patrulleros que el maíz sería para ellos. Al terminar la tapisca, hicieron un volcán de mazorcas y tomaron a doña Elena una mujer anciana y ciega, muy respetada en la comunidad, a quien colocaron sobre el volcán de mazorcas y prendieron fuego. “Dos jóvenes quisieron rescatar a la anciana, corrieron para sacarla del fuego pero estalló una bomba que los soldados pusieron debajo de la ropa de la anciana…pero después, porque no hay un pensamiento bueno, pasaron la máquina, una carretera hicieron, revolvieron los granos de maíz…y el cuerpo de la anciana” (PCS, 2013). Máximo Bá Tiul quien moderaba la mesa donde habló don Jacinto Brito, reflexionó sobre cómo mientras el Popol Wuj narra la relación directa que las mujeres tienen con el maíz, como símbolo poderoso de la existencia y de la vida del Pueblo Maya, el ejército también las enlaza en la muerte, en la destrucción y en el genocidio. De hecho, para destruir a las comunidades mayas, el ejército buscó profanar lo que es sagrado, profanó el maíz como profanó el cuerpo de las mujeres. Como parte de una pedagogía de la destrucción y de la extrema crueldad (Segato, s.f), entrenó y obligó a muchos hombres a exterminar con sus manos lo que formaba parte de su vida. El involucramiento de las mismas víctimas, es una estrategia de guerra que otorga impunidad, porque permite culpar a las víctimas. Por eso, quienes dirigieron las operaciones de contrainsurgencia en este país, deben ser juzgado por atentar contra la existencia del Pueblo Maya a través de la destrucción y de la muerte causada a tantas comunidades, familias y personas civiles. Discutir el genocidio implica también discutir la violencia colonial re-articulada durante los años de la represión política y como sistema actual, a partir de colocar en el centro la experiencia de las mujeres mayas. 

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Quiero concluir diciendo, que los crímenes cometidos en el cuerpo de las mujeres, deben ser quitados del lugar de la vergüenza, del tabú y del silencio. Estos no son crímenes de naturaleza sexual nada más, sino son crímenes de genocidio. No debemos hablar de la violencia sexual en voz baja, sino debemos denunciarla con voz potente, porque en cada mujer violada y masacrada hay un crimen contra el Pueblo Maya y contra la humanidad. La justicia para cada una de estas mujeres significa dignificar también al Pueblo Maya. Treinta años después de cometidos los hechos convergen razones para romper el silencio. Si lo primero que se busca garantizar con la violencia sexual es silenciar a las mujeres y fragmentar a las comunidades mayas, haber hablado es un actor de irrupción de gran importancia histórica. Para cerrar, reitero lo dicho al inicio, las mujeres nos han mostrado que silencio no es lo mismo que olvido.

Bibliografía

Mamdani, Mahmood (2003) “Darle sentido histórico a la violencia política en el África Poscolonial” en: Istor Revista de Historia Internacional. Año 4 No. 14. CIDE, México.

Brito, Jacinto (2013) Genocidio y trabajo comunitario por la memoria. Ponencia presentada en Congreso Mesoamericano de Pueblos Indígenas, Genocidio y Despojo, Resistencia y Memoria, PCS, Guatemala.

Segato, Rita (s.f) Las nuevas formas de la guerra y el cuerpo de las mujeres. Disponible en: http://www.scielo.br/scielo.php?pid=S0102-69922014000200003&script=sci_arttext

*Aura Cumes (Kaqchikel, Chimaltenango, Guatemala). Sus intereses de investigación y de acción política giran en torno al análisis de las relaciones y formas de poder y de dominación experimentadas en sociedades fundadas en una historia de colonización como la guatemalteca. Es desde la problematización del hecho colonial que lee las múltiples y entrecruzadas formas de poder y de dominación como el patriarcado, el racismo y el sexismo y las nociones político-analíticas de género y cultura. Doctora en Antropología Social por el CIESAS, México DF. Ha sido investigadora y docente del Área de Estudios Étnicos y el Programa de Género la FLACSO Guatemala. Coeditora de La encrucijada de las identidades. Mujeres, feminismos y mayanismos en diálogo (2006) y de la colección Mayanización y vida cotidiana. La ideología multicultural en la sociedad guatemalteca (2007). Autora de múltiples artículos publicados en revistas nacionales e internacionales.

**Ponencia presentada en las actividades del aniversario del primer año de la Sentencia por Genocidio , realizadas por CALDH y AJR. presentada en está página como Colaboración Especial de la Autora para Grupo de Mujeres Ixchel.