“Tengo en mis ojos el momento cuando capturaron a mi esposo”

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Por Gladys Tzul Tzul

Esa fue una de las frases que el 25 de febrero de 2016 mencionó una de las mujer q’eqchi, querellante, como manera de pedir una sentencia condenatoria. Las palabras pueden englobar la fuerza de la lucha que 15 mujeres q’eqchie’s han sostenido en el juicio conocido como el caso Sepur Zarco; juicio en el que demandan justicia y resarcimiento por los delitos de violación, esclavización sexual, asesinato y desaparición forzada. Sentados en el banquillo de los acusados se encuentran el coronel Esteelmer Reyes Girón y Hedilberto Valdez Asig, a quienes las mujeres demandantes han reconocido y señalado como actores materiales por la desaparición de sus hijos y sus esposos; como perpetradores de violación y esclavitud sexual y domética. Estamos en la fase final y mañana 26 de febrero se ha programado la lectura de sentencia.

Es relevante destacar que en un tribunal nacional guatemalteco se conozcan y se juzguen este tipo de delitos. Seguramente este juicio habilitará una serie de procesos de juzgamientos futuros. Sin embargo en este texto convoco a pensar más allá de lo que se considera válido o relevante para fines jurídicos en los tribunales. Si vemos más allá de los tribunales podremos esbozar explicaciones de lo que ocurrió en la guerra que produjo el genocidio guatemalteco. Por ejemplo si vemos así: el objetivo de la guerra fue aplacar las luchas comunales para despojar de territorio a las comunidades y uno de los puntos centrales para lograrlo fue mediante la esclavización sexual y el sometimiento del cuerpo de las mujeres.

También es interesante notar que los dos acusados no negaron ni la desaparición forzada, ni la violación y la esclavitud sexual, en sus palabras –que no tenían valor declaratorios- dijeron “yo no estuve ahí” lo cual deja espacio a que otros militares sean llevados a juicio, pero también dan veracidad de los testimonios de las mujeres las versiones de los testigos y los peritos. Con tan sólo un par de testimonios se devela la forma del funcionamiento de la guerra: “Cuando nos violaban, nos ponían una arma en el percho y nos decía en vez de patrullar tenés que hacer esto”, “Nos obligaban a cocinar y a lavar la ropa”. Ambos testimonios nos presentan la manera de cómo funcionó la guerra y de la vital importancia del sometimiento del cuerpo de las mujeres.

Las declaraciones de estas mujeres amplían nuestra comprensión sobre el prolongado despojo de tierras en la guerra: “nuestros hijos no tienen donde vivir, no tienen donde cultivar” Estas palabras, además de denunciar actos de 1980 alcanzan a la situación actual donde la minería y los proyectos geotérmicos e hidroeléctricos que se quieren imponer en los territorios indígena, marcan una ola de ofensiva contra los territorios indígenas. En Guatemala donde los muertos aún está por encontrarse por debajo de la tierra. Las palabras de las mujeres de Sepur Zarco nos alertan y nos dan esperanza.

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