Nunca había sentido ese miedo antes- Sepur Zarco

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La violación sexual como expresión de racismo misógino, es decir de odio a las mujeres, pues el racismo escoge a sus víctimas, no solo por ser victimas del conflicto sino porque tienen cuerpos femeninos. No se viola mayoritariamente a los hombres, se viola a las mujeres y a las niñas y niños. Y es porque las mujeres tenemos cuerpos que reproducen vida pero además porque esos cuerpos se consideran cumplidores de servicios domésticos y de servicios sexuales [1]

 

El juicio de Sepur Zarco llega a su cuarto día, 15 mujeres q´eqchi´ han luchado  para juzgar a los culpables de las violaciones cometidas por el ejército de Guatemala durante 1982 y 1983. Se juzgan delitos contra los deberes de humanidad en su forma esclavitud sexual, esclavitud doméstica y violencia sexual, desaparición forzada, delitos contra los deberes de humanidad en su forma de violencia sexual.

Estos delitos fueron cometidos en las comunidades de Sepur Zarco, El Estor, Izabal y Semochoch, Alta Verapaz.

El ejército de Guatemala se instaló en la comunidad de Sepur Zarco obligando a la población a trabajar para ellos, a los hombres les hicieron trabajar en la construcción del destacamento y a las mujeres las esclavizaron mediante a tareas domesticas y las violaron reiteradamente.

En la comunidad de Sepur Zarco los soldados detuvieron ilegalmente y desparecieron a los hombres de la comunidad que estaban organizándose para legalizar sus tierras.

No vengo a mentir vengo a declarar la verdad

En el cuarto día del debate, el tribunal de Mayor Riesgo “A”, escuchó a Julia Coc , quien habló sobre la detención y ejecución de su hija Dominga Coc y sus dos nietas Herlinda y Anita, en 1982.

“Fue grande el sufrimiento de mi hija cuando estuvo ahí en el destacamento, todos los abusos que sufrió en su estadía en ese lugar”.

Julia Coc es una madre que buscó a su hija a pesar de la represión en la se vivía. La encontró posteriormente en una fosa en donde pudo reconocer   la osamenta de su hija y las de sus nietas.

“Ellas hubieran sido las que me hubiesen cuidado y con ellas estuviera viviendo en la actualidad… por eso es que vengo ante este tribunal, yo no me estoy inventando nada y por eso estoy aquí para pedir justicia”.

Con la voz entrecortada Julia Coc relató la historia de dolor que ha vivido ante la ausencia de su familia que fue arrebatada por la represión y la violencia del Estado. A su hija los soldados se la llevaron cerca de un río en donde la hicieron cavar una fosa: “cavó su propia tumba”, dijo Julia al referir cómo su hija luego fue asesinada y tirada en ese lugar.

“Ella tuvo que cavar su tumba. La mataron a pesar de que les había lavado su ropa. Le dijeron que se bañara porque la iban a soltar”.

Julia encontró la fosa donde se encontraba su hija por medio de informaciones que dieron posteriormente un ex comisionado militar.

“Encontraron la ropa de ella y encontraron los dos calzoncitos de las niñas”.

Para una madre lograr recuperar a su hija fue un paso importante pero también lo fue enfrentarse al dolor de saber lo que sufrió ella y sus nietas, de quienes ya no logro recuperar más que la ropa que se encontró en la fosa debido a que sus huesos se habían vuelto tierra después de tantos años.

“Se encontró sus huesos y se encontraron sus cabellos y junto con un molote de hilos de su corte”

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Se los llevaron

A Dominga Coc la detuvieron junto a sus hijas y su esposo Santiago Seb Ical dentro de su comunidad, el ejercito se llevó a toda la familia, a Dominga se la llevaron a Sepur Zarco y a él se lo llevaron a otro lugar llamado Pataxte.

Santiago logró regresar de donde lo tuvieron detenido. Julia recuerda con tristeza cómo él dijo lo que le había pasado en ese lugar.

“Le hicieron mucho daño, lo que le daban de beber era el agua de la paja del techo y los orines, y de comer le daban las tortillas tiesas que sobraban… yo tampoco esperaba que el retornara, pero cuando regresó volvió en muy malas condiciones me daba lástima verlo, me causó mucho dolor lo lloré mucho”.

Santiago apenas podía comer cuando regresó a su comunidad debido a las secuelas de la tortura vivida, Julia cuidó de él y fue así como se recuperó: él tenía la esperanza de encontrar a su esposa y sus dos hijas pero no lo logró.

A ella le hicieron mucho daño en su cuerpo

En el destacamento, Dominga Coc vivió lo que otras mujeres sufrieron, la violaron sexualmente para luego asesinarla. Julia su madre logró saber lo que le sucedió en el destacamento a su hija. Vivir no solo con el dolor de la muerte de parte de su familia si no saber que sufrieron mucho antes de morir es parte del dolor que hoy vive.

“A ella la lastimaron y le hicieron mucho daño en su cuerpo, la violaron… ya estaba muy enferma cuando la mandaron a lavar ropa y ahí fue donde la terminaron de matar y las niñas también estaban ya muy mal y las mataron”.

Dominga Coc tenía 20 años, sus hijas eran pequeñas aún de 3 años y 2 años cuando los soldados se las llevaron, posteriormente de eso Julia comenta cómo el ejército obligaba a la población a darles comida.

“Si no nos dan comida van a tener muchos problemas era lo que nos decían, entonces nosotras empezábamos a envolver tamales, para ellos y nos agarraba la tarde entonces nos iban otra vez a amenazar porque no querían que tuviéramos encendidos nuestros fuegos de noche”.

El ejército rodeaba las casas en la comunidad y les obligaban a darles de comer, las mujeres con miedo   se mantenían dentro de sus casas y no podían salir. Aparte de todo esto no solo les pedía a las mujeres cocinar sino que las obligaban a que ellas dieran su propio maíz o les robaban algún otro alimento que ellas tuvieran en sus hogares. Se sabía también que algunas mujeres en la comunidad “les desgraciaron la vida” cuenta Julia al referirse que fueron violadas.

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“Por el miedo que teníamos les hacíamos caso, yo nunca había sentido ese miedo antes era la primera vez que nosotras veíamos a los soldados”.

Julia Coc , aun vive con la ausencia de su hija y sus nietas, este dolor se ha vuelto en fuerza para poder buscarles y poder también buscar justicia por ellas y por muchas otras más víctimas de su comunidad,   que se entrelazan ya que muchas de ellas eran vecinas o familiares.

Ella logró saber lo que vivió su hija dentro del destacamento, lo que vivieron sus nietas quienes permanecieron junto a Dominga todo el tiempo incluso cuando fue violada por los militares que luego de enfermarlas las asesinaron después de sufrir por una semana.

Julia fue varias veces a buscar a Dominga al destacamento y nunca le dieron razón de ella, pero fue hasta muchos años después que logró encontrarla y sepultarla en el cementerio de la comunidad de Sepur Zarco.

Sobre esto el abogado de la defensa le preguntó en que año fue exhumada su hija y ella contesta

“No recuerdo porque esto no es una gracia, esto es muy triste y no le puse atención a las fechas… toda la gente lloró cuando se hizo esa exhumación”.

Durante este proceso del juicio se han escuchado hasta el momento 16 testimonios, hombres y mujeres que esperan justicia, que en sus palabras llevan la verdad. Se espera lograr una sentencia condenatoria contra el Teniente Coronel Estelemer Francisco Reyes Girón por los delitos de deberes contra la humanidad en su forma de violencia sexual, esclavitud sexual y doméstica en contra de 11 mujeres y se le atribuye el Asesinato de Dominga Coc y el de sus dos hijas Anita y Herlinda, así como tratos crueles sobre 2 niñas.

También se juzga al comisionado militar Heriberto Valdez Asig por desaparición forzada de 6 hombres, esposos de las víctimas, y delito contra los deberes de humanidad en su forma de violencia sexual contra una mujer.

Recordar todo estos hechos para las víctimas representa una lucha contra el dolor, contra el miedo y contra el racismo la discriminación que la sociedad aún tiene sobre los pueblos indígenas.

El informe Guatemala Memoria del Silencio muestra que las mujeres fueron víctimas de todas las formas de violación a derechos humanos, sin embargo habla que también sufrieron formas específicas de violencia de género incluyendo violencia sexual alcanzando el porcentaje de mujeres del 99% de los casos registrados

Las mujeres que hoy dan su voz no solo rompen con el silencio sino también rompen con el estigma de la inmovilización que provoca la violencia sexual en el cuerpo de las mujeres. Por otro lado rompe con el imaginario instalado de mujeres mayas débiles de cuerpos violables y usables, a pesar de que a las mujeres y sobre todo a las mujeres indígenas se les sitúa desde la visión occidental y patriarcal como cuerpos sustituibles, débiles, las mujeres con su testimonio y con este proceso logran mostrar la resistencia y lucha que se ha llevado, dejando en evidencia al sistema y al Estado en cómo usa la violencia sexual y las violaciones a los derechos humanos para seguir sometiendo a las poblaciones.

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Ccr/Eq.

[1] Yolanda Aguilar Ponencia. CALDH. Op. Cit.

 

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