La violencia de la guerra no pudo sepárarnos , nuevamente juntas

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Pasaron más de 28 años para que una madre se volviera a encontrar con su pequeña de 4 años. María González Cedillo, quien vivía en la Aldea Río Azul del municipio de Nebaj, El Quiché, está junto a su hija nuevamente.

“Fuimos perseguidas y masacradas por los Ejércitos”

María con su familia tuvieron que huir de la aldea en que vivían en 1984. Se refugiaron en aldeas de las montañas de Chajul, debido a la represión a la que fueron sometidas las poblaciones por parte del Ejército de Guatemala.

Miles de personas tuvieron que hacerlo para salvar sus vidas, sin embargo las condiciones que en las que estuvieron obligadas a vivir hicieron que mucha gente muriera, por hambre, enfermedad, frio y miedo.

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“Comíamos una vez al día”

“Nosotros sembrábamos milpa pero los ejércitos llegaban a cortar, no podíamos juntar fuego para la comida para que no nos viera el ejercito, comíamos solo una vez al día, solo de noche se podía juntar fuego, sufrimos bastante, no solo vivimos en una comunidad sino que tuvimos que vivir en varios lugares de la montaña, ya no había ropa, ni comida, ahí sufrimos con la hija que hoy vamos a enterrar.”

Debido al asedio constante del ejercito, María tuvo que vivir en diferentes lugares en la montaña, junto con su hija Jacinta Santiago González quien en ese entonces tenía 4 años, y quien tendría 35 en la actualidad. María y Jacinta no estaban solas si no que huían junto con su familia, el papá de Jacinta y una hermana más, Marta. En una de las ocasiones en que tuvieron que volver a huir, por la llegada del ejército al lugar, la pequeña Jacinta se cae y se asusta.

 

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“Murió de Susto”

La niña se enfermó y murió quince días después, por las condiciones en que vivían en la montaña la familia no tuvo otra opción que dejarla en el lugar donde murió.
“Jacinta murió por miedo, por susto, porque en esa época habían muchas masacres, habían muchos niños a los cuales no se les podía dejar que ellos lloraran porque cuando lo hacían los ejércitos escuchaban y muchos murieron a causa de esto.”

Jacinta fue encontrada gracias a la búsqueda de su madre quien recuperó su cuerpo después de 28 años, ya que había sido enterrada a la par de la casa temporal en la que vivieron previó a la llegada del ejército.

María se enteró de las exhumaciones gracias a la Coordinadora Nacional de Viudas de Guatemala, CONAVIGUA, por lo que decidió recuperar los restos de su hija para ser enterrada cerca de la familia, ya que su cuerpo se hallaba en la montaña de Paal, Chajul.

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“Estoy contenta de dejar a mi hija en un lugar digno, al fin estoy cerca de ella, porque cuando se quedó en la montaña nunca pude regresar a visitarla a dejarle una flor, una veladora, ahora esta cerca de mí y cerca de su papá quien ya falleció… no solo mi hija falleció en el tiempo de la violencia si no que también mi abuelo y otra hermana pero no recuerdo donde están enterrados… aunque ya no puedo hablar con mi hija estoy satisfecha porque ahora está en un lugar digno”
Los restos de Jacinta están en casa, después de más de 28 años de su muerte causada por la violencia del Estado durante el conflicto armado interno en1984, hoy una niña de 4 años descansa junto a su padre, gracias a la lucha de su madre.

Según la Comisión de Esclarecimiento Histórico, niñas y niños sufrieron la violencia directa e indirectamente durante la guerra, “Del total de víctimas con edad conocida, los niños conforman el 20% de las personas muertas por ejecución arbitraria; el 14% de víctimas de torturas, tratos crueles, inhumanos y degradantes; el 11% de víctimas de desaparición forzada; el 60% de los muertos por desplazamiento forzado; el 16% de los privados de libertad, y el 27% de los violados sexualmente.”[1]

Durante los desplazamientos forzados fueron las niñas y los niños quienes más perdieron la vida, es decir más de la mitad de la población desplazada, la inestabilidad e incertidumbre generaban miedo e inseguridad en la niñez. En muchos casos se reporto que niñas y niños murieron por “susto y por miedo”, en otros casos murieron asfixiados por sus madres cuando en las huidas les tapaban la boca por por temor a ser escuchados por sus perseguidores.

Y muchas otras niñas, como Jacinta, murieron por el terror que vivían constantemente. La lucha de su madre y la de la familia por sobrevivir lograron que hoy Jacinta esté cerca de su padre y de su hogar. Una niña que vio su vida cegada, por un Estado que, en lugar de protegerla, la persiguió asesinando no solo sus sueños de niña, sino su cuerpo.

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[1] Informe de Comisión de Esclarecimiento Histórico de Guatemala

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